En un mundo globalizado, de adelantos sin precedentes en la historia, de cambios en la mentalidad del ser humano, pero también de catástrofes significativas, inevitables, las persona han seguido con la arcaica práctica de dividir a la población en distintos grupos sociales, pero ¿Cuál es la marcada diferencia, la característica, que hace la distinción entre un grupo y otro? ¿Que nos separa de pertenecer al mundo de los “privilegiados“, la de los inconformes o la de los relegados?, la respuesta es tan simple como obvia: el dinero, aquello que todo lo compra y todo lo puede, que es sinónimo de poder y prestigio, aquel que puede otorgar un título, dar respeto y crear admiración, en quien no lo posee, así como envidias y odios.
Parece increíble que un simple papel o metal se haya convertido en un personaje todopoderoso de nuestras relaciones sociales, que sin el, no valemos como individuos, pero que mentalidad tan pobre, antepone
los bienes y las riquezas al sentir humano.





